Raíces Radio

sábado, 27 de julio de 2019

Justificado escepticismo

Por ANULFO MATEO PEREZ

El pesimismo conduce irremisiblemente al fracaso, y un exceso de optimismo puede dirigirnos a un estado lamentable de irracionalidad, y también a malos resultados. Dudar es de sabio, cuando no se teme buscar la verdad de cuanto necesitemos para estar convencidos, y esta es siempre revolucionaria.

Cuando me refiero al escepticismo no corroboro “en que no hay ningún saber firme”, ni parto del concepto filosófico clásico representado por el griego Pirrón, quien decía que “no afirmaba nada, sólo opinaba”.

El “justificado escepticismo” al que aludo es al que siente la gente al escuchar las huecas promesas de los precandidatos presidenciales que tienen el propósito de terciar en las elecciones generales de 2020.

Hasta el momento, los partidos políticos con mayor incidencia en la vida nacional, tanto el oficialista como el opositor, evaden –como lo han hecho siempre– presentar ante el país programas de gobierno.

En un caso, propalan demagógicas promesas de llevar “sangre nueva” al Estado o proclamando su defensa a la Constitución; en otros, erigiéndose en paladines de la “democracia”, como panacea a nuestros males.

José Martí fustiga a quienes, en nombre de la política, mienten en momentos cruciales para la patria. Decía: “La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla”. Y sintetizaba: “La política es la verdad”.

Muchos de los que participan en ella, la han convertido en un mercado persa, y a los partidos políticos en corporaciones; contrario a lo que creía Duarte, de que “la política no es una especulación”.

El patricio proclamó que la política es la ciencia más pura y más digna, después de la Filosofía… “de ocupar las inteligencias nobles”. Sin embargo, respecto a los politiqueros el escepticismo está justificado.

sábado, 20 de julio de 2019

Crisis e incertidumbre


Por ANULFO MATEO PEREZ

La República Dominicana pasa por una tensa situación en que se avizora una crisis de grandes dimensiones, por la acumulación de factores económicos, sociales y políticos complejos que terminarían desestabilizando el sistema de dominación que hasta ahora hemos conocido desde su fundación en 1844.

Interesante sería el debate de si se trataría de una crisis orgánica, estructural, de régimen, de hegemonía o todos esos aspectos a la vez, cuando las instituciones han perdido la credibilidad y formal legitimidad.

¿Estamos seguros de que se vislumbra una solución a la crisis cuando sean celebradas las elecciones generales en 2020, cuyos protagonistas son prácticamente una réplica en términos políticos e ideológicos?

Lo cierto es, que el agravamiento de la crisis económica que se aproxima en el país, con una deuda externa impagable que atrapa más del 50 por ciento de su PIB, se podría acompañar de una crisis de hegemonía.

Podríamos considerar que de mantenerse en progreso la tendencia actual, la situación desembocaría en una crisis orgánica, que como decía Antonio Gramcsi afecta al conjunto de las relaciones sociales.

Por supuesto, el estallido de la misma requiere de confluencia e interacción de la crisis de acumulación, política e ideológica con agudización de los choques entre clases y entre sus mismas fracciones internas.

Las preocupaciones del Departamento de Estado del imperio frente a la actual crisis en nuestro país, son debidas precisamente a que esta tiene las implicaciones antes descrita y no hay relevo para sofocarla. 

La incertidumbre económica y política se acentúa a cada paso, y se reactivan nuevamente en las calles las “mareas” humanas contra la corrupción, la impunidad, así como contra los responsables de la crisis actual. 

lunes, 15 de julio de 2019

Crisis y lucha de masas


Por ANULFO MATEO PEREZ

Por violentar su propia legalidad, los que gobiernan contra las mayorías se han convertido en  verdaderos sepultureros del sistema político que dicen sustentar, luego de pervertir las instituciones que conforman los tres poderes del Estado, con el propósito de enriquecerse y perpetuarse en el poder.

Como parte de la conspiración usan la perfidia, trampas, manipulación, soborno, chantaje, represión… para imponer su reinado e intereses, sin importarles si meten al país en una profunda crisis política.

Miedo y poder, amalgamados en las filas danilistas, empujan al gobierno imponer a sangre y fuego la modificación constitucional mediante el chantaje,  la represión política y conculcación de los derechos.

Entonces, no es extraño que el Presidente de la República haga “lo que nunca se ha hecho” para garantizarse la impunidad, tras las sobrevaluaciones y sobornos de Odebrecht en la termoeléctrica de Punta Catalina.

Los trajines del gobierno para modificar la Constitución y permitir la repostulación de Danilo Medina, viene agudizando la crisis política e institucional de la nación, así como en las filas de la partidocracia.

Las pugnas en el PLD apuntan a la escisión definitiva de esa corporación, y lo propio se aprecia en el PRM con la convocatoria de Luis Abinader, “a título personal”, para marchar contra los desmanes del gobierno.    

De modo, que la corrupción e intentos de modificación de la Carta Magna,  el uso de militares, policías y espionaje para zarandear el Congreso, van de la mano para garantizar el continuismo danilista.

Ante el caos e incertidumbre provocados por el oficialismo, la movilización popular es la certera respuesta para enfrentar la actual crisis, como la demostración de Marcha Verde este domingo en Santiago.

Perfil psicológico del dictador



Por ANULFO MATEO PEREZ 
I
La caracterización del dictador puede ser diversa, pero casi todos los investigadores coinciden en que se trata de un sujeto con trastornos psíquicos, por una afección del lóbulo frontal inferior del cerebro, en el circuito donde se inhiben los impulsos agresivos creados en las amígdalas de ese órgano.

La amígdala es el centro principal de los circuitos donde se regulan el miedo, rabia, deseo sexual y memoria emocional entre otras cosas; esta parte del cerebro está directamente conectada al hipotálamo.

Para el Dr. Seth Davin Norrholm, de la Universidad de Emory, Druid Hills, en el área metropolitana de Atlanta, el dictador se caracteriza por un alto grado de narcisismo y emana mucha energía sexual.

En su criterio, este sujeto rebosa de confianza e independencia en sí mismo y suele estar muy absorto, es mentiroso profesional, sin compasión, sádico y con un apetito insaciable de poder, como todo psicópata.

Según Carl Jung (1875-1961), psiquiatra psicoanalista suizo, los dictadores siguen dos patrones, citando dos casos interesantes en la historia: el de jefe tribal (Mussolini) y el de brujo o chamán (la tipología de Hitler). 

“El dictador tiene que encontrar condiciones adecuadas para producir la dictadura. Mussolini llegó cuando su país estaba en caos, la clase obrera era incontrolable y había amenaza del bolchevismo”, dijo Jung.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA), tiene un largo historial en la elaboración de perfiles psicológicos y políticos de figuras internacionales, con diferentes grados de profundidad y precisión.

Para la CIA, Adolfo Hitler tenía un perfil narcisista, neurótico, suicida, inseguro, impotente, masoquista, y que se veía a sí mismo como "el destructor del superego anticuado hebraico cristiano".

II

La Agencia Central de Inteligencia (CIA), y otras de igual naturaleza, no sólo se ha dedicado a elaborar el perfil psicológico de los dictadores que han patrocinado, sino también a líderes mundiales que han representado y representan a sus pueblos, considerados enemigos por el imperio.

Sin embargo, las informaciones que la CIA filtra a los medios no son necesariamente verídicos, porque en muchos casos tienen la finalidad de satanizar a los líderes que no responden a sus intereses.

Entre estos cuentan Fidel Castro, Ho Chi Minh, Juan Velasco Alvarado, Jaime Roldós Aguilera, Salvador Allende, Omar Torrijos, Hugo Chávez, Vladimir Pútin, Kim Jong-un, Rafael Correa, Evo Morales, Angela Merkel…

No obstante, las mentiras de la CIA no le restan créditos a estudios realizados por investigadores que se apegan a la verdad científica, de que el dictador sufriría de algunos trastornos en el cerebro.

La causa se atribuye a una alteración en el gen denominado AVRP1, que regula la capacidad de ser generosos con los demás; gen asociado a la secreción de una hormona que permite los vínculos sociales y afectivos.

Según Richard Ebstein, Universidad Hebrea de Jerusalén, el dictador recibe poco placer en los centros de recompensa del cerebro y “es bastante seguro que los dictadores codiciosos tienen un componente genético”.

El dictador es obsesivo, falta de empatía ante el sufrimiento, interés en la veneración y culto a su persona, que realiza con campañas de difusión fastuosas; miedo de perder el poder, ser sancionado y humillado.
Aunque el dictador tiene una base biológico para ser tal, este contaba con padres autoritarios, que dudaban de las cualidades de su hijo, madres con historial de depresión y una infancia carente de juegos y cariño.

III

De acuerdo con el escritor estadounidense John Gunther, “todos los dictadores son anormales. La mayoría de ellos son neuróticos”. De su lado, Daniel Eskibel dice que al dictador… “Lo ves solo. Aislado. Sin escuchar. Sin contacto con la gente. Agresivo. Cometiendo errores que nunca creíste pudiera cometer”.

Jerrold Post, Universidad George Washington, afirma que en el caso del dictador, como lo fue Trujillo, este “puede funcionar de manera (…) racional, pero en estrés (…) sus percepciones se distorsionan”.

Como he dicho antes, el arma política predilecta del dictador es el culto a su persona, que radica en la concepción idealista de la historia, según la cual el curso de esta no es determinado por el pueblo, sino por él.

El marxismo examina el papel del dirigente carismático en estrecho vínculo con el curso objetivo de la lucha de clases, con la actividad histórica del pueblo, no al papel del “líder mesiánico” de ocasión.

Comparto el concepto de que ni siquiera la experiencia del más genial de los dirigentes puede sustituir la experiencia colectiva de millones de personas, donde el pueblo debe tener fe en sus propias fuerzas.

El dictador crea la dicotomía entre “buenos” y “malos”, “orden y desorden”, “terroristas” y “autoridad”, concepto que se ha puesto en práctica, por ejemplo, en la militarización del Congreso Nacional.

El poder estatal-militar no sólo es físicamente represivo, sino también cultural, vale decir cognitiva, afectiva y conductual. Ese poder penetra y controla las instituciones y patrocina la censura y autocensura.

Gabriel García Márquez, Gabriela Mistral y Pablo Neruda habían alertado sobre el uso de la opresión, violencia represiva y miedo emanado del autoritarismo, que es una constante en América Latina.

domingo, 16 de junio de 2019

Culto a la personalidad


Por ANULFO MATEO PEREZ


I

Desde tiempos remotos se conoce el culto a la personalidad, que es la adoración y adulación excesiva a un caudillo o líder considerado carismático, que en nuestra realidad social lo hemos visto cuando se le tributaba a jefes de Estado, como en los casos de Ulises Heureaux (Lilís) y Rafael L. Trujillo Molina. ​

El concepto “culto a la personalidad”, tocado por Nikita Jruschov en su discurso ante el XX Congreso del PCUS, en 1956, se refería directamente al culto al secretario general de esa organización comunista y jefe de Estado Joseph Stalín, cuando se le situaba en dimensiones casi sagradas.

Los que conocimos los horrores de Chapita sabemos cómo este se erigió en un fetiche, otorgándose a sí mismo “honores” de "benefactor de la patria", “primer maestro”, “padre de la patria nueva”, o la frase “gracias a Dios y a Trujillo”.

Igual ocurrió con Luis XIV, rey de Francia durante 72 años, uno de los mayores ególatras de la historia, y su influencia impactó de tal manera, que su época (1638-1715) la han denominado el “siglo de Luis XIV”.

Los líderes juegan un rol importante en los procesos sociales, políticos y económicos, pero es inaceptable que a caudillos militares, héroes, ideólogos… se les atribuya un valor absoluto por encima del pueblo.

Es sabido que el culto a la personalidad se contrapone a la correcta educación de las masas; frena el crecimiento de su iniciativa y debilita en cada individuo el sentirse responsable por la causa común.

La humildad y bonhomía no han adornado precisamente la conducta de los líderes a quienes sus alabarderos les han tributado culto, como a los emperadores romanos, dictadores latinoamericanos y de otras latitudes.

La megalomanía de estos "líderes carismáticos" se va gestando desde la niñez, como mecanismo de defensa y de formación reactiva. Es un delirio de grandeza extremo, frecuente en líderes sociales, religiosos, políticos y por lo general en mandatarios tiránicos.

II

Se ha comprobado históricamente, que a jefes de Estado o líderes políticos a quienes se les ha rendido culto han tenido una niñez y/o adolescencia tormentosas, que lo han marcado en la esfera psicológica, predominando luego la crueldad, megalomanía, frialdad afectiva y el afán por la concentración de poder.

Su vocación despótica es una constante; sometidos en su infancia a rigores materiales y emocionales, afectando su carácter; inicio y finales de sus días han terminado siendo igualmente traumáticos.

Adolfo Hitler (1889-1945), conocido como el Führer (líder) y autor del holocausto, dirigió Alemania en el totalitarismo (fascismo), inspirado en el expansionismo en Europa, fracasando en su empeño.

En la niñez era golpeado a menudo por su padre, Alois Hitler, quien padecía de alcoholismo. “En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero”, habría confesado a Traudl Junge.

Iósif Vissariónovich Dzhugashvili -Joseph Stalin- (1878-1953), dirigió la URSS (1941 y 1953), y haciendo “honor” a su  “nombre” Stalin (hecho de acero), gobernó con mano dura, acosando hasta a sus camaradas.

Stalin, hijo de siervos  georgianos; entre sus allegados más cercanos era conocido como "Sosó" o "Koba";  fruto de una familia disfuncional, cuyo padre Vissarión Dzhugashvili (Besó), era alcohólico como Alois Hitler.

En los casos de Mao Tse Tung (1893-1976), Kim Il Sung (1912-1994), Ho Chi Minh (1890-1969)… aunque se advierte culto a la personalidad, es parte de su cultura milenaria y regímenes dinásticos precedentes.

Mao, Kim y el tío Ho encabezaron las luchas de sus pueblos por la liberación y la fundación de estados soberanos orientados hacia el bienestar colectivo, dejando atrás el látigo de tiranos e invasores.

III

Ulises Hilarión Heureaux Leber –Lilís- (1845-1899), presidente de la República en tres ocasiones; promovió el culto a su persona. Era hijo de Josefa Lebert (esclava negra) y José A. D’Assás Heureaux Fortune (plantador blanco francés). En su niñez, Lilís fue abandonado por su padre. Murió asesinado 1889.

Rafael L. Trujillo Molina (1891-1961). Dictador; hijo de José Trujillo Valdez y Julia Molina Chevalier. Gobernó de 1930 a 1961. El Estado era él. Por su egolatría llamó Ciudad Trujillo a la capital.

En su adolescencia, Trujillo se dedicó junto a su hermano "Petán" al cuatrerismo, a la falsificación de cheques y al robo postal. Por estos delitos fue declarado culpable y encarcelado durante algunos meses.

En 1916, lideró la banda de asaltantes “La 42”, temida por su violencia. En su mandato se le calcularon unos 50 mil asesinatos, incluida la masacre del Perejil (1937).  El 30 de mayo de 1961, murió ajusticiado.

Joaquín Antonio Balaguer Ricardo (1906-2002), conocido como el dictador ilustrado. Hijo de Joaquín Balaguer Lespier (puertorriqueño de padre catalán) y de Carmen Celia Ricardo Heureaux (prima de Lilís).

Cortesano de la “Era de Trujillo”.  Gobernó de 1966 al 1978 y luego de 1986 a 1996. En el período de los “12 años” fueron asesinados miles de opositores, sobre todo jóvenes. Promovió el culto a su persona.

Leonel Antonio Fernández Reyna (1953-). Gobernó de 1996-2000; 2004-2008, 2008-2012. Hipólito Mejía Domínguez (1941), lo hizo del 2000-2004. Danilo Medina Sánchez (1951-). Gobierna del 2012-2016; 2016-2020.

Los tres últimos van dejando una estela de críticas respecto al endeudamiento, pobreza, caos institucional, corrupción y reafirmación del status quo... Deliran por el poder. Su arma política es el culto a su persona.