Por ANULFO MATEO PÉREZ
La decantación se conoce en física, como el procedimiento para separar dos
sustancias mezcladas, una líquida de otra que no lo es o dos líquidos
inmiscibles (agua y aceite) mediante el vertido de la más densa; en política se
aplica el término a la separación de organizaciones o posiciones
ideológicas.
Nada nuevo se debe esperar de la partidocracia, por lo que debe prestársele
oídos sordos a los precandidatos del PLD y a los “opositores”, que se
entremezclan entre sí y estos pisan las huellas de los primeros.
Un ejemplo al canto: El PRM demanda de Danilo Medina reconocer al
“presidente” encargado de Venezuela, Juan Guaidó (títere de EE.UU.), tras el
gobierno dominicano demandar nuevas elecciones presidenciales.
En este tramo, hasta las elecciones del 2020, se pondrán en marcha burdas
demagogias y cerca de 17 mil millones de pesos del pueblo dominicano serán
malversados impunemente, en un proceso lleno de trampas.
Es necesario ahora más que nunca, “separar la paja del grano”, como la
antigua tradición campesina que se realiza en nuestros países, cuando se usan
yeguas y caballos para pisotear las vainas de frijoles secos.
Las arengas para que las organizaciones revolucionarias, sociales, populares
y progresistas se sumen a los proyectos electorales de la derecha, sólo repetirá
el ciclo de otros momentos históricos del país.
Las entidades que se han “aliado” (sumadas por migajas) a los partidos
tradicionales, han sido cooptadas, asumiendo sus programas, prácticas corruptas
y esencia ideológica pervertida contra el pueblo dominicano.
El momento exige realizar una decantación del movimiento popular y las
organizaciones que le representan, de esa partidocracia, para enarbolar los
cambios verdaderos y métodos apropiados de lucha.
Raíces Radio
domingo, 10 de febrero de 2019
domingo, 3 de febrero de 2019
El gobierno y RD en estado crítico
Por ANULFO MATEO PÉREZEl Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se ha mantenido en el poder pese a su pésima gestión, sobreviviendo a las dificultades en el orden económico, social y político, por la falta de una oposición unida y crítica que asuma un programa de soluciones, contestataria al proyecto continuista, así como a la dispersión del movimiento social.
Desde la primera gestión danilista se profundizaron las contradicciones internas en el partido oficialista y se aceleró el deterioro de las instituciones representadas en el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Los servicios públicos entraron en franco deterioro, como ocurre con la Educación –pese a la inversión del 4% del PIB- y la Salud, con el colapso de los hospitales, protestas y paros de labores en otros sectores.
El Banco Central informó de crecimiento económico, pero la realidad es que en estos últimos años, pese al maquillaje de las cifras, la producción nacional cayó a sus niveles más bajos y creció el endeudamiento.
Como no es creíble el mentado "descrecimiento discreto de las importaciones e incremento de las exportaciones", con el sector agropecuario atrapado en los mayores reveses económicos de la historia reciente.
El gobierno de Medina habla de bonanza, crecimiento e incremento de la demanda de bienes y servicios, que no llega a la mayoría de los dominicanos, sumida en la mayor pobreza extrema, hasta ahora conocida.
La burbuja comunicacional para publicitar el crecimiento económico, apoyándose en las maquilladas cifras del Banco Central, ha explotado bajo el análisis del endeudamiento y la corrupción oficial.
La gestión del mandatario dominicano ha entrado en estado crítico, empujado por la corrupción, el sostenido desarrollo, aunque ahora en receso, de Marcha Verde, agudizado por la absurda posición contra la Venezuela bolivariana.
domingo, 27 de enero de 2019
¿Qué sucede en Venezuela?
Por ANULFO MATEO PÉREZ
La pregunta es pertinente si tomamos en cuenta la desinformación que difunden las agencias de noticias al servicio de Estados Unidos de cuanto acontece en Venezuela, y el silencio respecto al repudio internacional a la injerencia de Washington en los asuntos internos de esa nación.
Lo cierto es que la administración Trump, con la ayuda de la tristemente célebre OEA, gobiernos lacayos y otros entes de derecha, intenta imponer a la fuerza un gobierno títere en la patria de Simón Bolívar.
No se trata sólo de sacar a Nicolás Maduro de la Presidencia, sino de controlar los recursos naturales de esa hermana nación y destruir el movimiento bolivariano en que se sustenta la soberanía nacional.
No es de extrañar que el grupo de Lima, el gobierno de Danilo Medina y la partidocracia dominicana tomen partido y se sumen a respaldar la embestida de Estados Unidos contra esa nación sudamericana.
Sobre todo, si tomamos en cuenta que en lo que respecta a la República Dominicana se acerca un proceso electoral donde sus participantes buscarán el respaldo del imperio para sus propios fines politiqueros.
La hostilidad de Washington no es nueva, por lo que no deben olvidarse otros intentos como el golpe militar del 2002 y el golpe petrolero del 2003, para revertir el proceso bolivariano liderado por Hugo Chávez.
Recordemos también la agresiva orden ejecutiva de Estados Unidos que califica a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior de esa superpotencia.
Han aplicado contra Venezuela medidas coercitivas, han llamado al golpe de Estado, y Donald Trump amenaza con intervención militar; pero nada de esto cuenta en el análisis de las cajas de resonancia del imperio.
La pregunta es pertinente si tomamos en cuenta la desinformación que difunden las agencias de noticias al servicio de Estados Unidos de cuanto acontece en Venezuela, y el silencio respecto al repudio internacional a la injerencia de Washington en los asuntos internos de esa nación.
Lo cierto es que la administración Trump, con la ayuda de la tristemente célebre OEA, gobiernos lacayos y otros entes de derecha, intenta imponer a la fuerza un gobierno títere en la patria de Simón Bolívar.
No se trata sólo de sacar a Nicolás Maduro de la Presidencia, sino de controlar los recursos naturales de esa hermana nación y destruir el movimiento bolivariano en que se sustenta la soberanía nacional.
No es de extrañar que el grupo de Lima, el gobierno de Danilo Medina y la partidocracia dominicana tomen partido y se sumen a respaldar la embestida de Estados Unidos contra esa nación sudamericana.
Sobre todo, si tomamos en cuenta que en lo que respecta a la República Dominicana se acerca un proceso electoral donde sus participantes buscarán el respaldo del imperio para sus propios fines politiqueros.
La hostilidad de Washington no es nueva, por lo que no deben olvidarse otros intentos como el golpe militar del 2002 y el golpe petrolero del 2003, para revertir el proceso bolivariano liderado por Hugo Chávez.
Recordemos también la agresiva orden ejecutiva de Estados Unidos que califica a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior de esa superpotencia.
Han aplicado contra Venezuela medidas coercitivas, han llamado al golpe de Estado, y Donald Trump amenaza con intervención militar; pero nada de esto cuenta en el análisis de las cajas de resonancia del imperio.
domingo, 16 de diciembre de 2018
Campaña contra Cuba
Por
ANULFO MATEO PÉREZ
No
es casual que al celebrarse el pasado 10 de diciembre, el Día Internacional de
los Derechos Humanos, se arreciara la perversa campaña contra Cuba, está vez
tomando el tema de la cultura como estandarte para arremeter contra las medidas
regulatorias que se han establecido en el Decreto 349.
En
Cuba desde el triunfo de la
Revolución , se ha tenido una certera política cultural, como
respuesta a la fragmentación y decadencia de las ideas “modernas” que se
observa en una gran parte del mundo.
La
acción del proceso de transformación socialista está orientada, respecto a la
cultura, al equilibrio y la integración, que tiene raíces en la mejor tradición
occidental, renovando y actualizándose cada día.
Los
enemigos de Cuba han elevado “el grito al cielo”, porque existen reglas para
impedir que desde otras latitudes se imponga la vulgaridad, el irrespeto a los
símbolos patrios y se atente contra su identidad cultural.
Ya
en la República Dominicana
conocemos, por ejemplo, qué viene sucediendo con ciertos “reggaetoneros” y sus
“obras artísticas”, y los estragos en muchos jóvenes atrapados en la ignorancia
y las drogas.
Desde
José Martí, los cubanos han ido avanzando en el arte, apoyados en la ciencia y
la cultura universal, y muestra de ello son Pablo Milanes y Silvio Rodríguez,
resultado de ese proceso revolucionario.
Sin
embargo, si se profundiza en la literatura política, social y filosófica del
siglo XX, se hallará que en el sustrato se halla, y en el mismo pensamiento
socialista, para apoyar la cultura o para tergiversarla.
El
deber de Cuba es mantenerse alerta sobre los problemas de la desintegración
cultural, que sobre bases imperialistas -en una nueva fase de internacionalización
de la riqueza- se está creando en el mundo.
domingo, 9 de diciembre de 2018
Encrucijada danilista
El gobierno de Danilo Medina, y él como actor principal, está en una
encrucijada que conduce por todos los senderos a un abismo insondable, por lo
que no se decide a expresar si respetaría la Constitución o si por el contrario
a violarla para continuar reproduciendo todos los males provocados durante sus
dos períodos de caótica gestión.
Si Medina maniobra para continuar desgobernando el país más allá del 16 de agosto de 2020, estaría violando la Constitución, seguiría usurpando el poder y abriría la compuerta de una grave crisis política.
Si decide alejarse del Palacio Nacional, está consciente que podría ser imputado de hechos graves cometidos durante sus ocho años de gobierno, como es el caso Odebrecht y otros que están pendientes.
El pueblo dominicano no sólo rechaza una reelección presidencial, sino que está negado a seguir siendo gobernado por el PLD, cuyos gobiernos han sembrado el caos institucional, corrupción e impunidad.
Los dirigentes del PLD carecen de principios políticos e ideológicos; el norte que le orienta es satisfacer sus propios deseos: disfrutar del poder, poseer bienes materiales y la búsqueda agitada de fama y gloria.
La cúpula peledeista no ha podido controlar el “gusanito” del deseo de poder ilimitado; se desborda en maniobras para imponerse e insiste en auspiciar obediencia sumisa de las masas, para legitimar el poder.
La manipulación del gobierno a diversos sectores es evidente, poniendo sobre la mesa temas como el “Pacto mundial sobre migración” (con énfasis en la migración haitiana), logrando relegar el caso Odebrecht.
En tanto, Danilo Medina recrudece la cruzada contra sus opositores; persigue a sus críticos más firmes, y endeuda más al país con préstamos que “su” Congreso aprueba, para dejarlo embargado hasta la coronilla.
Si Medina maniobra para continuar desgobernando el país más allá del 16 de agosto de 2020, estaría violando la Constitución, seguiría usurpando el poder y abriría la compuerta de una grave crisis política.
Si decide alejarse del Palacio Nacional, está consciente que podría ser imputado de hechos graves cometidos durante sus ocho años de gobierno, como es el caso Odebrecht y otros que están pendientes.
El pueblo dominicano no sólo rechaza una reelección presidencial, sino que está negado a seguir siendo gobernado por el PLD, cuyos gobiernos han sembrado el caos institucional, corrupción e impunidad.
Los dirigentes del PLD carecen de principios políticos e ideológicos; el norte que le orienta es satisfacer sus propios deseos: disfrutar del poder, poseer bienes materiales y la búsqueda agitada de fama y gloria.
La cúpula peledeista no ha podido controlar el “gusanito” del deseo de poder ilimitado; se desborda en maniobras para imponerse e insiste en auspiciar obediencia sumisa de las masas, para legitimar el poder.
La manipulación del gobierno a diversos sectores es evidente, poniendo sobre la mesa temas como el “Pacto mundial sobre migración” (con énfasis en la migración haitiana), logrando relegar el caso Odebrecht.
En tanto, Danilo Medina recrudece la cruzada contra sus opositores; persigue a sus críticos más firmes, y endeuda más al país con préstamos que “su” Congreso aprueba, para dejarlo embargado hasta la coronilla.
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