
Por ANULFO MATEO PÉREZ
Después de tantos años en la actividad política, sospecho
que el presidente Danilo Medina meditó su más reciente discurso antes de leerlo
en la Asamblea
Nacional.
Es imaginable que lo escribió, corrigió y leyó de
arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, sobre todo, lo relacionado con la
empresa minera Barrick Gold.
El mandatario se
comprometió a renegociar el contrato con la minera canadiense, y, de esta no
acceder en un “plazo prudente”, le advirtió que sometería al Congreso una ley
para los ajustes fiscales que resarcirían las pérdidas que tendría el país.
Pero resulta que el
tiempo dado por Medina para que la
Barrick acceda a las solicitudes del gobierno, nadie lo
conoce. El presidente habló de un “plazo prudente” y esa expresión es muy
subjetiva e imprecisa.
La respuesta dada por
la empresa minera ha sido a través de una presunta carta que desafía la
autoridad del mandatario. Sin embargo, el Gobierno maneja el tema con un
hermetismo asombroso e inaceptable.
Ocultar lo que
sucede, que en el Palacio Nacional lo traducen como “firmeza serena y
conversación discreta”, está desesperando a la población y podría el presidente
estar entrando en un “callejón sin salida”.
A determinados
mandatarios noveles, el pueblo les otorga algunos meses -desde que juran ante la Asamblea Nacional-,
para que comiencen a concretizar sus promesas, pero no les firman un cheque en
blanco.
En este caso, la
sociedad va más allá y demanda rescindir el contrato, y que Leonel Fernández
responda por la entrega que hizo su gobierno de esos recursos no renovables y
por los daños medioambientales.
Solicitar “paciencia
y confianza”, es mucho pedir. El pueblo está cansado de que los distintos
gobiernos que hacen ostentación liberal, insistan en “amagar y no dar”.
24/marzo, 2013.
24/marzo, 2013.
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