sábado, 15 de julio de 2017

Los entresijos del poder

La imposición del neoliberalismo a nivel planetario por el poder unipolar, a través del FMI y el Banco Mundial, ha sometido a la República Dominicana durante décadas a graves problemas socio-económicos, diezmando las luchas reivindicativas en desarrollo, como ha sucedido con otros países de América Latina.

Inflación, desempleo, disminución de los niveles salariales y de la calidad de vida, las bajas inversiones en los sectores productivos, han conformado un conjunto de fenómenos que lastiman el tejido social.

El PLD en el poder abrió las puertas a la criminalidad en sus más diversas expresiones, fracturó los lazos sociales, banalizó la actividad política, acentuó el clientelismo, así como el tráfico y consumo de drogas.

Sus gobiernos son culpables de esta debacle, resultado también de la privatización de las empresas estatales y enajenación de sus riquezas; pérdida de la soberanía y putrefacción de las instituciones públicas.

Sin embargo, el momento político ha cambiado por la irrupción del movimiento Marcha Verde, que demanda justicia ante la corrupción e impunidad, a un poder que conculca los derechos de las grandes mayorías.

Los dominicanos han despertado del encantamiento, para ver con toda claridad los entresijos del poder peledeista, que los obligó a prosternarse, mientras unos pocos se apropiaban del patrimonio público.

Ahora el gobierno se empeña en convencer que la razón es pura subjetividad, fruto de la duda y la crítica incierta, para llevar confusión a sus opositores que exigen paz, orden, justicia social y económica.

En tanto, desde el Palacio Nacional se manipula el caso Odebrecht, con el propósito de llevar pesimismo y frustración a la Marcha Verde, que este domingo muestra su firme y vigoroso mensaje de esperanza.

sábado, 8 de julio de 2017

Fortaleza de la Marcha Verde

Por ANULFO MATEO PÉREZ

Es la naturaleza y práctica del gobierno del PLD apoyarse en el poder del Estado para someter a las grandes mayorías nacionales a sus funestas políticas públicas, y en cambio favorecer sólo a las corporaciones transnacionales, la burguesía parasitaria y las élites políticas, que traman eternizarse en el poder. 

Los que desgobiernan olvidan que la razón puede dar poder a los sometidos; hacer conciencia de ella les mueve a organizarse y luchar en defensa de sus derechos, de su dignidad y supervivencia.

Marcha Verde ha surgido como resultado de la maduración del proceso social y político, así como por el agravamiento de la crisis económica, los servicios públicos y la manifiesta inseguridad ciudadana.  

La vitalidad de ese movimiento radica no sólo en la razón, sino en la presencia del pueblo militante, el espíritu de justicia, y de la unidad en la diversidad por el fin de la corrupción, la impunidad y el desorden.

El gobierno maniobra para desactivarlo; por su lado, otros lo alientan para controlarlo, sin embargo, todos esos esfuerzos han fracasado porque sus integrantes han elevado sus niveles de conciencia política.

En el proceso, la clase dominante y sus gobiernos se han ido quitando la careta al violar sus propias reglas y clavar las garras de la corrupción… mientras la gente aprende con una velocidad inimaginable.

Hasta ahora, el movimiento ha protestado contra toda esa podredumbre de forma pacífica y ordenada, pero si el oficialismo insiste en confrontarlo de forma obstinada, podría llamar a la desobediencia civil.

En tanto, en su denuedo por el rescate del país, el próximo domingo Marcha Verde mostrará nueva vez su fortaleza y firme rechazo a las burdas maniobras del gobierno, de la claque empresarial y mediática.  

sábado, 1 de julio de 2017

Jugando a la politiquería

Por ANULFO MATEO PÉREZ

La clase dominante y la partidocracia tradicional que le sirve, son los responsables de la crisis económica, social y política del país, resultado del manejo irresponsable del poder y las groseras violaciones a su Constitución, que modifican a su medida, y a las leyes que aprobó un Congreso Nacional subordinado.


Ellos se han confabulado para apropiarse de los bienes del Estado y privatizar los servicios públicos, ante los ojos de un pueblo que se mostró desconcertado hasta que se empoderó al marchar contra ese desorden.


Esa partidocracia ha desgobernado a sus anchas; practicando el nepotismo como norma; sobrevaluando las obras públicas y endeudando al país con empréstitos, de los cuales una parte termina en sus bolsillos.


El sistema político que desde hace décadas ellos han construido, sólo admite en los cargos públicos a redomados corruptos, y se han amalgamado los poderes Ejecutivo, Judicial y legislativo; los tres en uno.


Un inmenso poder en manos del presidente de turno, para conformar grupos mafiosos que arrasan con las instituciones del Estado, desafiando a la gente decente que rechaza su conducta delictiva.


En tanto, los dominicanos padecen inseguridad ciudadana; violencia oficial y de la delincuencia común; insalubridad; desempleo; falta de techo familiar y la coacción del libre ejercicio de sus derechos.


Estamos ante un país en crisis, donde se ha ido entronizando el autoritarismo y la represión contra el que disiente del oficialismo, zarpazos desesperados de una dictadura institucional decadente y putrefacta.


La reacción del gobierno ante ese valladar no ha sido rectificar, sino seguir jugando a la politiquería; sumergido en el lodazal… cavando su propia tumba, al paso cada vez más vibrante de la Marcha Verde.

sábado, 24 de junio de 2017

La renuncia del Presidente

Por ANULFO MATEO PÉREZ

Para los sectores conservadores, la petición al presidente Danilo Medina de que renuncie a la primera magistratura del Estado resulta contraproducente, perturbador del “orden democrático” y un retroceso para la sociedad, admitiendo así la fragilidad en que se sustentan los poderes públicos.

Ningún terremoto social o económico ocurrió en Estados Unidos cuando el republicano Richard Nixon se vio obligado a dimitir de la Presidencia el 8 de agosto de 1974, tras el escándalo por el “caso Watergate”.   

La renuncia de Nixon no paralizó las actividades económicas, políticas ni sociales del imperio; al contrario, estas discurrieron sin mayores tropiezos institucionales y el sistema político salió fortalecido.

El presidente Otto Pérez Molina renunció al cargo mediante una misiva, el 2 de septiembre de 2015, tras la Fiscalía haber emitido una orden de captura para juzgarlo por corrupción, y Guatemala no sucumbió.

Enrique Peña Nieto ha sido conminado en más de una ocasión a renunciar de la presidencia de México, expresión de un manifiesto ejercicio del derecho ciudadano a revocar su mandato, sin mayores consecuencias.

La derecha venezolana no sólo ha exigido la renuncia del presidente Nicolás Maduro, sino que realiza de forma obstinada repudiables actos terroristas para derrocarlo, sin lograr romper el orden democrático.  

Que un grupo de ciudadanos haya pedido la renuncia del presidente Danilo Medina, es la expresión del ejercicio de sus derechos ante tanta frustración y desaliento provocados por los gobiernos peledeistas.

La alharaca que esta demanda ha provocado en los conservadores, desnuda el atraso político, la debilidad institucional y el concepto mesiánico de unos pocos sobre el rol de la figura presidencial en el país.   

domingo, 18 de junio de 2017

Crimen y sistema político

Por ANULFO MATEO PÉREZ

El sistema político impuesto por las clases dominantes durante décadas en la República Dominicana, ha entrado a una etapa de aceleramiento de su crisis estructural, y tendrá que ser desplazado por los sectores que lo advierten como una seria amenaza a su estabilidad, desarrollo y supervivencia.

Este sistema pervertido, que en el pasado dio origen a regímenes oligárquicos, despóticos, excluyentes, represivos… ahora ha creado en su interior estructuras criminales y abiertamente desafiantes.

En los partidos que le dan sostén a este sistema decadente impera un pérfido método de financiamiento de oscura procedencia, convirtiendo a esas anacrónicas organizaciones en peligrosas entes mafiosas.

Desde que se inició la práctica de puertas abiertas para el financiamiento ilícito, la fortaleza de los viejos partidos no ha descansado en su programa político ni en propuestas a la sociedad, sino en el dinero.

A esa partidocracia le gusta nominar a candidatos millonarios, cuyos recursos provienen de transacciones ilícitas, con gastos excesivos en las campañas electorales… sumándose las débiles regulaciones.

Por esa notoria laxitud ética en los controles del financiamiento, las estructuras criminales echan raíces en esos partidos; así logran proteger sus negocios, fortalecer la red mafiosa y expandirse sin límites.

La apertura a individuos y grupos criminales ha permitido que estos controlen esas entidades políticas, ocupen posiciones claves en el Estado, es decir, en el Congreso Nacional, Poder Judicial y en el Ejecutivo.

El caso Odebrecht es un ejemplo del gran atraco al erario, que genera desigualdad, exclusión y agitación social… en un momento en que esa mafia está atrapada, lo que la empujaría al  asesinato político.