domingo, 26 de febrero de 2017

El discurso y Odebrecht

Por ANULFO MATEO PÉREZ

Mañana hablará el presidente Danilo Medina para rendir cuentas a la Asamblea Nacional y a la nación, pero a diferencia de otras ocasiones los dominicanos estarán muy pendientes de sus palabras porque esperan que rompa el silencio respecto al tema del soborno de Odebrecht a funcionarios de su gobierno.

Ya la sociedad dominicana se ha expresado condenando la corrupción e impunidad imperante, y con vigor reclama el fin del saqueo que viene patrocinando su funcionariado, así como los que les han precedido.

La marcha del pasado 22 de enero y las realizadas el pasado miércoles en esta capital y en otras localidades del país son testimonios de que la gente de a pie está decidida a detener la corrupción y el caos.

La reacción popular ha sido y sigue siendo tomar las calles para demandar justicia contra los infractores que recibieron coimas de Odebrecht para sobrevaluar obras del Estado de parte del consorcio brasileño.

Pero además, se ha revelado que parte de los US$92.0 millones de dólares recibidos como sobornos se usaron para financiar la campaña electoral de la reelección forzada del presidente Danilo Medina.

Es decir, la corrupción y la impunidad han parido un gobierno ilegítimo, resultado del engaño, defraudación de los recursos públicos y la violación flagrante a la Constitución de la República y a las leyes dominicanas.

Realizar una transacción poco transparente entre el gobierno y Odebrecht para el primero recibir US$184 millones y así evitar la acción de la justicia contra los corruptos, es un desatino muy arriesgado.


El presidente Medina debe imitar a su homólogo de Perú, Pedro Pablo Kuczynskiy, apoyando a la Justicia para que actúe contra los sobornados por Odebrecht; de no hacerlo, “a Dios que reparta suerte”.

viernes, 17 de febrero de 2017

No escuchar a los escépticos

Por ANULFO MATEO PÉREZ

Algunos escépticos expresan que la lucha contra la corrupción y la impunidad, el caos y los abusos no tendrá resultados favorables para la nación, porque las demandas para que se pongan los correctivos a ese flagelo terminarán en el fracaso, y los que depredan el erario volverán a salirse con la suya.

La actitud es interesada y esta dirigida a desvirtuar lo que la sociedad está haciendo, que es exigir que se haga justicia con los responsables de la corrupción de Estado. Es decir, apagar la llama de la lucha social.

Esos “escépticos”, que sacan la cabeza en tiempo de crisis, son parte de los beneficiarios de toda la podredumbre que afecta a la administración pública y al sistema político que sustenta la partidocracia.

Es un ardid para embaucar a sus “tontos adversarios”, como aquel usado frecuentemente por algunos conservadores y extremistas de derechas en tiempos difíciles, sintetizada en la frase “yo no soy político”.

El escepticismo busca desesperadamente frenar el movimiento cívico que demanda corregir el rumbo de nuestro país, evitar las manifestaciones en la calle, como la demostración del pasado 22 de enero.

Todas las maniobras del gobierno y sus contados sostenedores fracasarán, porque el despertar del pueblo es creciente y vigoroso, que no podrá ser contenido con cantos de sirenas, mentiras ni amenazas.

La gangrena del cuerpo gubernamental y de todo el sistema no se detiene, pese al acorralamiento en que se halla, y prueba de ello es lo que acaba de suceder con los asesinatos en San Pedro de Macorís.


Ya comienza a brotar la verdad en ese y otros casos, que envuelven a personajes conocidos en las mafias del funcionariado oficial, relevo generacional en el saqueo abusivo y continuo de los recursos públicos.

domingo, 12 de febrero de 2017

Callejón sin salida

No se trata de una crítica a la película británica que lleva ese nombre, bajo la dirección del polaco nacido en Francia, Roman Polanski, sino a la situación en que se halla el presidente Danilo Medina tras el escándalo de sobornos a funcionarios del Gobierno de parte del consorcio brasileño Odebrecht.

En estos momentos ningún representante de la partidocracia se sentiría a gusto calzando los zapatos de Medina, enfrentado a una realidad que desborda lo nacional y se enlaza con otras donde no tiene dominio.

No niego que el mandatario tiene el control absoluto de todos los poderes del Estado para cubrir con el manto de la impunidad el estallido de la descomposición ético-moral del sistema político que le sustenta.

No obstante, insistir en el encubrimiento de la corrupción podría potenciar la crisis política que se avizora en el futuro inmediato en el país, cuando el techo de su gobierno se agrieta por falta de apoyo.

Actuar de espalda a la vibrante reacción de los dominicanos frente a la corrupción y la impunidad, al caos institucional, a la inseguridad y carestía de los artículos de la canasta básica… es un suicidio.

La “marcha verde” del pasado 22 de enero dejó sentado el firme descontento de los dominicanos, conscientes de que por el sendero que el peledeismo conduce al país se llega sólo al despeñadero.

De manera que el dejar hacer y el dejar pasar respecto a la corrupción de parte del presidente Medina y sus antecesores, o actuar en connivencia, le ha llevado a un angosto callejón sin salida.


Todo esto me hace recordar la guaracha del compositor Armando Mustelier, interpretada por el también cubano Miguelito Valdez, conocida como “Chacumbele”, que repetía el estribillo “él mismito se mató”.

domingo, 5 de febrero de 2017

Ruta de la crisis política

Por ANULFO MATEO PÉREZ

Se avizora una crisis política a corto plazo si el país no cambia rápidamente de rumbo, dado el deterioro del modelo en que se sustenta esta seudo democracia, caracterizada por la corrupción y el manto de impunidad, inequidad en todos los ámbitos, autoritarismo del gobierno y caos institucional.

Se suman a esos factores, enconadas fricciones en la cúpula del poder político en su sórdida lucha por el control absoluto del Estado y la preservación de intereses grupales acumulados durante su mandato.

Esa lucha mal disimulada se irradia hacia sus seguidores, y por lo visto tendrán que caer algunos corruptos que se pasaron de la “raya” trazada por el Departamento de Estado, ahora en los tiempos de Trump.

Es inocultable la gangrena de los devaluados poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo, que en firme alianza entre sí y junto al peledeismo en descomposición empujan a la confrontación social y política.

Se agrega la indignación popular, expresada en la marcha del pasado 22 de enero, que será cada vez mayor frente a tantas perversidades, corrupción y justicia prostituida, articulada con las mafias políticas.


Aunque una gran parte de la prensa corporativa acalla o minimiza lo que acontece en toda la geografía nacional, se advierten otras protestas por demandas insatisfechas y las erráticas políticas estatales.


Los dominicanos han llegado al hartazgo por los desafueros del gobierno de Danilo Medina, y de otros que le precedieron, realidad que se ha tratado de ocultar con multimillonarias campañas mediáticas.


El juez brasileño Sergio Moro acaba de dictar 8 años de prisión contra Joao Santana, ex asesor de Danilo Medina, y en junio develarán los nombres de los sobornados por Odebrecht, hechos que catalizarán la crisis.

domingo, 29 de enero de 2017

Marchar sin tregua

Por ANULFO MATEO PÉREZ

La marcha del pasado domingo constituyó un plebiscito contra la corrupción y la impunidad de Estado, entre otros factores por su carácter masivo y la unidad de sus participantes al enfrentar con firmeza a quienes desde el poder depredan los recursos públicos e imponen una dictadura institucional.

La lucha contra la corrupción y la impunidad moviliza a muy amplios sectores de la sociedad, pero deben incorporarse metas superiores, como desplazar del poder a los que usurpan la voluntad popular.

La batalla que se ha iniciado debe continuar, hasta que la democracia sea rescatada y el pueblo dominicano pueda decidir con libertad el camino que le conduciría a ejercer plenamente sus derechos.

Si no se combate de forma continua contra los que detentan el poder, no se lograría jamás potenciar la fuerza del movimiento, capaz de llegar hasta las últimas consecuencias para rescatar al país del caos.

Como respuesta a la marcha del pasado domingo, el gobierno tratará de confundir y reprimir al pueblo para debilitar sus fuerzas. Y para evitar esos intentos, deben trazarse con claridad los objetivos estratégicos. 

Los próximos pasos deben estar encaminados a sustituir las instituciones de este sistema partidocrático, las cuales atraviesan por una gran descomposición institucional y la depravación más absoluta.

El gobierno, el PLD y aliados están llevando al país a una crisis profunda, por lo que yo los he calificado de “acicalados zacatecas”; “sepultureros” del sistema político que nos conduce al abismo más profundo.  

A los que nos han secuestrado los sueños, no debemos responderles con “carabinas vacías”, sino con demostraciones como la del pasado domingo. Habrá que “tirar el cuerpo al agua”, en la lucha social y política.