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De poner en un plato de la balanza el respeto a la libertad de expresión del pensamiento, oral y escrito, y en el otro la conculcación de ese derecho durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), no hay ninguna duda de que la misma se inclinaría peligrosamente hacia este último.
Debemos recordar
las prácticas en el pasado de regímenes despóticos que apresaban, desaparecían
y asesinaban a periodistas y dirigentes políticos opositores porque expresaban
críticas a sus gestiones.
Desde el poder, el
peledeismo ha envilecido a ciertos medios de comunicación y a muchos que se
expresan a través de ellos, invirtiendo sumas millonarias del erario para
manipular y anestesiar conciencias.
¿Cuál es el
motivo para hostigar al periodista Marino Zapete? Porque, como dijo Américo
Lugo a Trujillo, el productor de “El Jarabe” no pertenece a la “farándula” de
Danilo ni recibe favores “a cambio de lisonjas”.
Ahora como en el
pasado, fruto de la intolerancia, a los libres pensadores se les persigue e
intenta intimidar y amordazar, como es el caso de Zapete, que ejerce su deber y
el derecho de expresarse.
El 16 de marzo de
1975, próximo a las 6:00 de la tarde, Braulio y yo visitamos a Orlando Martínez
en su oficina de la Revista ¡Ahora!, para pedirle por su seguridad que saliera del país,
a lo que se rehusó enseguida.
Luego, sacó de una gaveta del escritorio un revolver Smith Wesson, calibre
38 cañón corto, lo colocó a su diestra y juró no autoexiliarse; que afrontaría
los riesgos que entrañaba su trabajo periodístico de opinión.
Unas 24 horas después, Orlando era vilmente asesinado por sicarios del
régimen de Joaquín Balaguer. Antes caía Guido Gil en La Romana y después Gregorio
García Castro en la capital.
¡Cuidado con Zapete!