
Por ANULFO MATEO PÉREZ
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Es
una práctica de la derecha, de sus gobiernos y del imperio, cooptar a los
dirigentes más “frágiles” de la izquierda, del movimiento sindical, juvenil,
feminista, popular… para desmoralizar y debilitar sus organizaciones. Algunos pasan
a integrar la élite que gobierna, como premio a su deserción.
Por
el contrario, a los que no se doblegan ante su poder los presentan como
inadaptados sociales, desfasados, delirantes, partidarios del absurdo y la
utopía. Se trata de guerra ideológica y psicológica.
Órganos
del Estado a sus servicios han designado “analistas” para los contenidos de
libros, periódicos, revistas y medios electrónicos de comunicación; les dan un
seguimiento especial a sus “adversarios” de izquierda.
A
los que consideran “peligrosos” por las ideas que sustentan, contrapuestas a la
labor de los tanques pensantes o “think tanks”, escarban en su pasado y espían
cuidadosamente sus actividades.
Los
tanques pensantes que les sirven hacen la guerra de la palabra, de las ideas,
del pensamiento… con bastante éxito, dada la supremacía de su poder y los distintos
medios con que cuentan.
Han
formado redes de comunicadores e “interactivos”, articulados a sus organismos
de inteligencia (nacionales y del imperio), así como de otras estructuras del
Estado, para manipular y confundir.
Siguen
con atención el trabajo "cotidiano y gris" de las organizaciones
sociales y políticas (liberales o de izquierda) que resisten sus embates, para
destruirlas; se esfuerzan en bloquear cuanto se proponen.
El
objetivo de los que detentan el poder, bajo tutela de EEUU, es desarticular la
lucha político-social e impedir el cambio de rumbo del país, hoy bajo su
control. En otras palabras, impedir que se encienda la mecha del barril de
pólvora.