
Los
corruptos de la
República Dominicana, los que depredan el erario, han
sofisticado su modus operandi, debido a que muchos de sus colegas en otros
países han ido a prisión, o han tenido que huir hacia otras latitudes para
evadir la justicia. No han tenido que inventar el método, porque sólo tienen
que seguir los pasos de quienes les han antecedido en esa “profesión”.
La
construcción de obras del Estado es un gran filón para legalizar la acumulación
de capitales a partir de las arcas públicas. Se pretexta la inversión y
sobrevalúan el costo de las mismas.
Para
ampliar aún más el saqueo, los zares de las “contratas” oficiales violentan las
normas de calidad de las mismas y al cabo de poco tiempo se inicia el
deterioro, para reconstruirlas.
Usan
la modalidad de las subcontrataciones, firmando con testaferros de sus propias
compañías, creadas para encarecer los costos y ocultar el destino final de los
beneficios.
De
manera que el funcionario corrupto elabora los proyectos, se los contrata así
mismo a través de testaferros, se supervisa y finalmente cobra a través de sus
compañías las sumas estipuladas en los contratos que él mismo suscribe.
Los
corruptos se han vendido a sí mismos las empresas públicas o se han asociado
con nacionales o extranjeros para hacerse accionistas de las compañías que las
han adquirido a precios de “vaca muerta”.
Cuando
pueden, se deciden por esta última opción, porque les arriesga menos y
simplifican el lavado directo del robo al Estado y la recepción del soborno de
la corporatocracia.
Y
para lograr la impunidad se han blindado con el Poder Judicial, con el
contubernio y la cobertura de cierta prensa bajo su control y “opinadores”
venales que son parte del tinglado corrupto oficial.
24/agosto/2013.
24/agosto/2013.